Paisaje mental
Desde el nombre de la serie encontramos ya una guía. ¿Qué es un paisaje? ¿Qué entendemos por paisaje? El concepto de paisaje, tiene varias posibilidades dependiendo del campo de estudio desde el cual que se aborde, aunque todos los usos del término implican la experiencia sensible de un sujeto y de una realidad material normalmente vinculada a la noción del entorno. Percepción territorial de cualidades de un sitio determinado, convencionalmente natural y posteriormente también social y hasta psicológico. Paisaje que sin embargo, es siempre artificial al operar en él nuestra mirada. El paisaje es también narrativa, espaciar de un ser en el mundo.
Un paisaje al que se mira con atención es siempre parte de una meditación, que nos lleva a sentir al mundo en su exterioridad y relacionarnos con ella; a proyectar nuestra subjetividad sobre éste y ver la relación entre las partes y el todo. Una experiencia y hasta una técnica que nos ayuda para ir hacia dentro del yo y relacionarnos íntimamente con la tierra y el cosmos. El placer de la mirada interior que contempla la pluralidad en un golpe de mirada. Una proyección estética primigenia de nuestra subjetividad mediante la contemplación de lo que hay en torno. Nos adentramos en las formas y nos llenamos de colores y texturas orgánicas y artificiales: ideas; ritmos que son estados de ánimo: miedo, libertad, locura, cordura, paz o desesperación. El paisaje es psicológico, histórico y en este caso personal.
¿Qué hay entonces en estas piezas ya pensándolas como paisaje? ¿Como representación de un entorno, obviamente desde un lenguaje esencial; como gestos de un hacer abstracto? No hay figuras reconocibles, árboles, edificios o montañas; hay sin embargo un ordenamiento del espacio y el tiempo en un entorno material. Hay posibles imaginarios del espacio, fuerzas, pero sin nombres o categorías. Cuerpos sobre superficies en cualquiera de sus casos y con sus excepciones.
Y ahí entra el tema de los pliegues y los cortes a la materia. De la tridimensionalidad inherente al trazo, pero con la profundidad que da atravesar al material, romperlo. Sacarle las tripas y darle forma. Obras que aunque de carácter pictórico, tienden más hacia la escultura ,y si acaso, lo pictórico acontece ahí, aunque no como protagonista. Porque hay momentos en los cuales la forma de reflexionar sobre ellos es a golpe de martillo y esmeril, incluso sobre un plano. Heridas e ideas; disposición y lugares abstractos. Saturación y silencios; pulsiones y razones, cortes, clavos, aceites, ceras y pinturas. Ritmos que configuran paisajes plásticos de esos estados mentales que se presentan como visiones.











